Democracia o realidad

Por Juan Perales.

El mito de la caverna de Platón cobra hoy, 25 siglos después, más sentido que nunca. Solo estamos viendo las sombras que proyecta la demagogia y el populismo y, aun viviendo en la sociedad de la información, somos totales desconocedores de la verdad más minúscula. Sócrates, quien murió por defender su idea fielmente de que la democracia estaba bajo la premisa de la falsa igualdad, ya nos avisaba de que el producto más fácil en el que podía derivar la democracia era la demagogia y que caeríamos fascinados ante la tergiversación y la oratoria de unos pocos que utilizarían ésta para el beneficio personal. Esto se dijo en Atenas en el siglo VI antes de cristo señores, increíble pero cierto. 

En el siglo XXI ya no muere gente por defender sus ideas como hizo Sócrates, o como hizo también Galileo, lo más parecido a esto, si no es un insulto a estos ilustres pensadores, son 4 fanáticos que mueren y matan por su dios, pero esto es otra guerra y nada santa.

En España, tenemos un claro problema que me atrevo a decir arrastramos desde la guerra de la independencia, sino es anterior, de clara división ideológica e irreconciliables conflictos socioculturales. Amadeo de Saboya, que no es santo de mi devoción, pero razón no le faltaba, ya dijo hace exactamente 150 años que “la sociedad española no evoluciona, solo hace caso a sus discrepancias ideológicas entre unos y otros y hace caso omiso al progreso”. Si, repito 150 años, claro está que en España tenemos implantada la cultura del cacique, del ladrón, del pícaro y somos responsables de dichas etiquetas tanto de mantenerlas como de desprendernos de ellas.

Platón ya lo dejó muy clarito en su obra “La República” que no todo el mundo es apto para gobernar, no todo el mundo puede ni debe gobernar, quien debe gobernar es la aristocracia, los mejores, que no la oligarquía. Parece increíble como toda la sociedad occidental se basa en unos diálogos y unas notas a pie de página de este y, sin embargo, se haya obviado algo tan importante como simple. Todos somos capaces de entender que no todo el mundo, en cuanto a capacidades y en cuanto a virtud, puede ser militar o piloto de avión o conductor de autobús o contable de una empresa o cocinero pero, sin embargo, ¿todo el mundo puede ejercer un cargo de carácter público? yo no responderé a esta cuestión ya que, como manifestó Platón “la verdad se encuentra en el interior del hombre”. 

Volviendo a la ibérica península, aquí impera el “divide et impera” valga la redundancia, dan igual los unos o los otros, estos o aquellos. Aquí prima el vender demagogia para comprar votos y la banca, como en el monopoly, siempre sale ganando. Se intenta desinformar con noticias y contranoticias, y se consigue. Más preocupante aún es, desde la proliferación de las redes sociales y hacer campaña mediante ellas, lo que en psicología se conoce como desensibilización sistemática. Parece muy complejo pero, como todo lo complejo, está formado por finitos más simples. Consiste en proyectar mediante la información de saturación a un sujeto o a millones, multitud de noticias e ideas diarias hasta que, finalmente, el individuo se desensibiliza por sistema y acaba sin ser consciente de diferenciar la paja de lo que no lo es. Algo parecido a lo que le pasa a una rana si la metes en una olla con agua y le vas subiendo la temperatura, la rana se aclimata, se adapta sin darse cuenta a la temperatura, se va durmiendo hasta que finamente se muere, nos estamos durmiendo.

Nos están gobernando no los mejores, sino simplemente los que están, y eso debemos cambiarlo. Estoy firmemente de acuerdo con Aristóteles en que el ser humano es un “zoon politikon”, pero como yo lo veo, la política es una acción, una cualidad del Ser como la de pescar, razonar o tener sexo, con un principio y un fin, no una estancia con sueldos vitalicios.

Esta acción debe ser determinada y finita y no predeterminada e infinita. De niño siempre pensaba que, si un diputado o ministro cobrase 1.500 euros de sueldo base, la corrupción se reduciría más de un 50 por ciento, hoy de joven lo afirmo.

Y es que en concordancia otra vez con el gran Platón, las 2 primeras clases sociales según su modelo social, es decir, los gobernantes filósofos y el ejército, no deberían de tener una tan amplia propiedad personal como trabajadores o comerciantes ya que ¿quién gobernaría y combatiría mejor, alguien con grandes lujos o sin ellos?

Por estos motivos, hasta ahora en España, no hace falta saber de política para dedicarse a ella. Basta con tener 3 o 4 contactos en las altas esferas oligárquicas, que no aristocráticas. Ni siquiera para ser presidente del gobierno hace falta estar preparado. Creo que no es necesario ni poner ejemplos, sino que basta con ser cualquier individuo con dotes de oratoria, que encarne un arquetipo del inconsciente colectivo y que salga en las listas más votadas, y esto no puede ser así, cualquiera no puede gobernar. No cualquiera puede estar preparado, la democracia debe acabar, su destino es ser abolida. 

No todos somos iguales, la única igualdad indubitable es que todos somos diferentes y que todos deberíamos poseer los mismos derechos.

La democracia en España a mi parecer ha muerto y debemos hacer frente al problema y establecer y definir una aristocracia apta para la magnitud de la tragedia en España. Quizás otros países como los escandinavos, Alemania, Países Bajos o Singapur que, a mi parecer, es la ciudad-estado más próspera con un atractivo capitalismo privado e intervencionismo estatal, no tengan este problema. Pero en España, la corrupción, la demagogia, el populismo, la división social, las continuas discrepancias por el poder político e infinitud de pseudoproblemas derivados de lo social, lo cultural y lo económico han llegado a un punto de no retorno, donde lo único real, plausible y deseado ha de ser un cambio radical, un cambio psíquico, una revolución mental.

No me asusta ser antidemócrata, tampoco me asusta resultar ofensivo por tener un pensamiento propio y crítico, lo que me asusta es que sigamos firmando este contrato no social donde reina una aparente y falsa socio-democracia mediante la dictadura del buenismo y lo políticamente correcto.

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