Esclavos del «éxito»

Por Blanca Machín.

Mr Wonderful, un sistema educativo incapaz de hablar del fracaso y el miedo y un concepto erróneo del triunfo nos han convertido en una sociedad incapaz de digerir las emociones negativas y de relativizar los estereotipos.

A lo largo de este texto abordaré cómo hemos intoxicado la realidad en torno a dos aspectos: un concepto impuesto del triunfo y un exceso de positivismo que resulta contraproducente.

Vivimos rodeados de mensajes y speechs motivacionales alimentados por el “todo es posible”, sin embargo, reducir la vida a la filosofía del “buen rollo”, o al “fenómeno Mr Wonderful” (que no deja de ser un invento comercial) no solo resulta ingenuo, sino que puede llegar a ser muy dañino: toda emoción, incluso la negativa, tiene una finalidad. El problema comienza cuando, entre todo este exceso de positivismo, no hay espacio para dos conceptos fundamentales dentro la supervivencia emocional: los límites y el fracaso.  

Además, a esta negativa a aceptar que existen situaciones externas, o incluso internas, que nos impiden lograr tanto momentáneamente como permanentemente nuestros objetivos, hemos de sumarle que vivimos en una sociedad acostumbrada a las soluciones rápidas y al consumo instantáneo. Como decía en mi anterior texto (citando a Zygmunt Bauman), nos han adoctrinado a obtener deseo sin espera, esfuerzo sin sudor y resultados sin esfuerzo. Así, cuando las cosas no salen automáticamente como queremos nos sentimos inútiles y frustrados, existiendo un choque entre la estructura económica y social actual (basada en la inexistencia del fracaso y la obtención automática de nuestros deseos) y la realidad: donde se requiere constancia, aceptación de los límites y conciencia del carácter imprevisible de la vida.  

Este fenómeno del hiperpositivismo o negación de lo negativo (Byung-Chul Han) convive con otra manifestación social igual de dañina, la “sobreabundancia de lo idéntico”:

El ser humano, nos guste o no, está abocado a la autocomparación con el otro y al movimiento en masa de forma instintiva. La imitación de los cánones no es más que una adaptación de nuestra mente al entorno (en el siglo XXI la supervivencia, en comparación con otras épocas, deja de ser solo física para abordar también el plano social). Hoy en día, tanto la educación como la industria han estructurado un punto de referencia comparativo de carácter ficticio y acotado. Me explico: se ha generalizado un concepto de “éxito” (social, laboral, físico…) limitado por nombres y apellidos: estudiar una carrera, la extrema delgadez o la fijación por formar una familia son algunos de ellos. De esta forma, sin darnos cuenta, orientamos nuestra vida hacia objetivos marcados e impuestos. Sin embargo, la virtud del éxito reside en la subjetividad y en la adaptación que debería suponer para cada persona, pues no todos disponemos de las mismas capacidades y virtudes, ni experimentamos las cosas de igual forma. Ante esto hemos de ser conscientes de dos cosas: en primer lugar, que la diferenciación de las personas lejos de ser algo negativo es infinitamente útil para la sociedad. Y, en segundo lugar, que la búsqueda constante del “triunfo” como algo objetivo no es más que una noción inexistente, un engaño acorde a los tiempos que vivimos. Por ello, estaría bien preguntarnos de vez en cuando si nuestros deseos son propios o meras imposiciones sociales. ¿Lo que nuestro entorno grita que debemos alcanzar es realmente lo que querríamos si existiese otra estructura social?

No obstante, quiero recalcar que al poner en duda los estereotipos del triunfo no resto importancia al esfuerzo y la disciplina, ambos necesarios en cualquier proyecto. La duda reside en si nuestros objetivos son fruto de la interiorización estereotípica o de nuestros deseos como persona. Educar en la diversidad física, laboral y social, en la subjetividad de la vida, así como en la aceptación de las emociones negativas (pero necesarias) sería un buen comienzo para dejar de crear inútiles emocionales en masa.

Categorías:

3 respuestas

  1. El Crustáceo Real dice:

    Me gustaría, en primer lugar, felicitar a Blanca Machín, ya que me ha parecido interesante su forma de saber ver tus propios limites. Pero sobre todo la gran razón, desde mi punto de vista, de saber hacer lo que uno desea sin influenciarse por el gran «fracaso» de la búsqueda de una «nación perfecta», donde el objetivo pasa de ser del individuo, al de la masa social y el «estatus social». En segundo lugar, recalco el hecho de que solo doy mi opinión, estoy en desacuerdo con la forma de ver la negatividad y las derrotas. Yo creo que ver una derrota y aceptar la derrota siendo conscientes de los limites de uno mismo. Pero yo creo que, los limites los debes de poner despues de fracasar e intentarlo varias veces. Y saber transformar la derrota y los sentimientos negativos en objetivos. Saber sacar los errores cometidos que te han impedido lograrlo y mejorar y progresar en lo que UNO DESEA y en tus propias metas.

    Gracias por leerme y gracias a Blanca por el texto y el momento de reflexión personal que me ha generado. Puede ser que haya malinterpretado tu intención ya que este comentario lo escribo despues de mi reflexión, en ese caso espero una corrección.
    Un saludo de un crustáceo no cualquiera

    • Blanca Machín dice:

      Estimado Crustáceo Real, muchas gracias por su comentario. Respecto a lo que comentas sobre la percepción de los límites, lo que he querido expresar es que hemos de ser conscientes de que existen límites. Pero el conocimiento de la existencia de estos límites es totalmente compatible con ser constantes y pacientes con nuestros objetivos. De hecho, en el propio texto menciono que una de las debilidades de hoy en día es que esperamos obtener deseo sin espera ni esfuerzo y esto nos provoca frustración. Desde mi punto de vista, en un mundo marcado por el fenómeno Mr Wonderful debería normalizarse la existencia del fracaso (y su correspondiente levantamiento) pero también la imposibilidad de realización. Hay determinadas circunstancias (mentales, físicas e incluso intelectuales) que temporalmente o incluso permanentemente pueden imposibilitar el logro de determinados objetivos. Y hablar de ello es igual de importante que fomentar la perseverancia en nuestros objetivos. Como ves, soy de las que piensa que no puede pintarse todo como un cuento de hadas.
      Agradezco mucho su interés y entiendo totalmente su punto de vista,
      gracias por interactuar con nosotros.

      • Blanca Machín dice:

        Añadir (se me había pasado) que estoy totalmente de acuerdo con que los límites han de marcarse después de haber intentado alcanzar nuestro objetivo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies