En defensa de la violencia

Por Alejandro J. Gomis

¿Cuál es el nivel de dolor al que tienes que hacer frente cuando acabas de recibir una herida de bala?

¿Qué sentimiento te invade cuando la ideología divide a tu familia o cercena alguna de tus mejores y más preciadas amistades?

¿Te permite la angustia siquiera respirar cuando estás esperando en una celda la ejecución de tu sentencia de muerte?

¿Eres capaz, en algún momento de tu vida, de superar el encarcelamiento de tus padres a temprana edad y verte obligado a abandonar tu ciudad natal para asegurarte un mínimo sustento?

La mayoría de las respuestas a estas preguntas son desconocidas para mí. Las que conozco, por desgracia, me encojen el corazón y generan en mí un tipo de empatía que jamás pensé sentir.

Algunos afirman que el hombre es un lobo para el hombre y que, por tanto, la violencia se encuentra en el propio estado de naturaleza del ser humano. Otros, entienden que la violencia entre iguales se genera a raíz de la creación de la propiedad, como consecuencia de las desigualdades que ésta genera entre los diferentes individuos del conjunto social.

Sea como fuere (aunque, como bien es sabido, en esta página se reivindica al genio de Rousseau por encima de la estrechez de miras de Hobbes, por lo menos en lo que a naturaleza humana se refiere), la realidad es que los seres humanos estamos condenados a vivir en sociedad, fuente inagotable de conflictos de intereses entre los miembros que la conforman. Por tanto, desde hace casi 200 años[1], es la forma de abordar o tratar de solucionar estos conflictos de intereses la que ha determinado la política, sobre todo en los Estados occidentales.

Hoy por hoy, por lo menos en lo referido a las conversaciones que yo he mantenido o al mensaje lanzado desde los medios de comunicación, la violencia como instrumento político es considerada como una línea roja insoslayable. Sin embargo, para analizar esta realidad creo que es útil echar un vistazo a alguno de los acontecimientos históricos más relevantes de nuestra historia reciente.

¿De qué forma y bajo qué circunstancias se llevó a cabo la Revolución Francesa?

¿Cómo logró Estados Unidos la independencia de Gran Bretaña?

¿Acaso se derrotó al III Reich con la fuerza del diálogo y de algún que otro aplauso?

A cualquiera que se le pregunte, observará estos hitos históricos como parte del progreso hacia un mundo más justo y libre. No obstante, simultáneamente, reniegan de la violencia como instrumento para llevarlos a cabo. Idealistas.

La violencia ha sido, es y será causa de miserias, angustias, dolor, miedo y muerte como indicaban las primeras preguntas que se presentaban al inicio de este texto. Sin embargo, como se muestra en las segundas, es innegable que la violencia también supone progreso, justicia y libertad. La violencia siempre como medio y nunca como fin, la violencia al servicio de la razón.

Por supuesto (y aunque sea una obviedad), no pretendo con este escrito estar justificando el uso de la violencia como instrumento político en todo caso. Sino, por el contrario, resaltar la importancia histórica que ha tenido y lo cierto de su inevitabilidad. Sin ir más lejos, a día de hoy hay ciudadanos europeos que están siendo asesinados en sus propios países por musulmanes radicales. Las respuestas son diversas, a cada cual más patética, dependiendo de donde vengan. Desde los organismos oficiales se condenan los atentados mientras cada año salen de Europa miles de armas hacia Oriente Medio y, a nivel social, nos conformamos con subir un par de publicaciones a Instagram y a Twitter. Repensemos la estrategia, la historia nos observa y pone a nuestra disposición las mejores formas de actuación.

Por todo ello, y en respuesta al posmodernismo ideológico, al pacifismo reaccionario y al idealismo más absurdo, hoy, más que nunca, se hace necesario recuperar parte del discurso enunciado por Alejandro Lerroux hace más de un siglo:

“Jóvenes bárbaros de hoy, rebelaos contra todo, no hay nada o casi nada bueno, rebelaos contra todos, no hay nadie o casi nadie justo”


[1] Se hace referencia al lapso de tiempo de 200 años en referencia aproximada a la publicación de las obras de Karl Marx. No se quiere decir, en ningún caso, que antes de este periodo no existiesen conflicto de intereses o política alguna.

2 respuestas

  1. ángeles dice:

    Está claro, muchos de los acontecimientos históricos de Europa se han conseguido mediante la violencia como bien comentabas, pero a caso en algún momento se ha barajado la opción de no actuar con esta. Permíteme dudarlo. Es la opción fácil, y ojalá no fuese así pero es la más dolorosa, no para el mismo ejecutor, si no para el entorno que le rodea. Aunque lo denomines como una forma de conseguir un bien común, bajo mi punto de vista es un bien individual y egoista y no creo que se pueda justificar, en ningun tipo de circunstancia. Como reflexión, es evidente que te encantaría cruzarte con la persona/grupo que ha terminado con la vida de toda tu familia, pero si tú lo haces te conviertes en eso que tanto estás detestando y haciendo el mismo daño que a ti te han hecho. Como comentario a parte de todo esto, creo que el amor a nivelgeneral ha demostrado mucho más movimiento que la violencia o al menos así lo ha hecho en la última década. Saludos.

    • AJ dice:

      En mi opinión no es que sea la opción fácil, sino que en muchas ocasiones, es la única opción posible. Y esto es así más allá de que nos parezca mejor o peor, más triste o menos triste. Con respecto a la segunda reflexión, creo que es importante distinguir entre justicia y venganza. O lo que es lo mismo, distinguir entre objetividad y subjetividad. Por último, a mi juicio, existen conflictos de intereses entre grupos sociales (las clases desde mi punto de vista) que no son reconciliables. Esto excluye el amor como vía resolutoria y, sin embargo, no implica necesariamente que la violencia sea necesaria.

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