¿Qué es la filosofía?

Por Juan Perales.

Agradezco al lector que se encuentre ahora mismo en el inconfortable asiento de un tranvía de cualquier parte del titánico pero minúsculo mundo, o al marinero que se haya atracado en puerto pero anhela vehementemente no tocar tierra firme, o en la sala de un aeropuerto europeo, o en una antigua estación de ferrocarril de La Mancha, o instalados cómodamente en el sillón de su casa bajo una cálida luz irradiada por una lámpara de cristales multicolores, delicadamente colocada junto a un café con leche, sobre una mesa camilla vestida con faldas de fieltro verde.

Siempre me costó empezar, como a todos supongo, o como a ninguno imagino, pero esto es otro contexto y otras circunstancias y como no podía ser de otra manera cito al maestro Ortega: ¿Qué es la filosofía?

Para mí, humilde servidor, la filosofía implica una serie limitada de palabras, como espacio, tiempo, materia, pureza, ser, libertad, que actúan como arquitectos y dan sentido al mundo sensible en el que vivimos. No debes tener la categoría fija de idealizar la filosofía como algo extraordinariamente complejo, sino como algo simple, que va sucumbiendo y evolucionando cuya teoría darwiniana, ya lo dejó muy clarito Edgar Morin en el paradigma de la complejidad, lo simple va del orden al desorden sin embargo lo complejo puede partir del desorden y a través de finitos ordenarse. No utilices la filosofía como una herramienta para intentar hacer algo extraordinario, utilízala para analizar libre y críticamente los quehaceres ordinarios que tiñen tu cotidianidad.

Como iniciado pero fiel amante de la historia comencé a investigar, y repasando la historia de la cultura occidental me di cuenta de que el principal factor o hecho que marca nuestra sociedad no fue la cristianización de Roma como achacan algunos historiadores, ni la conquista y colonización de América por parte de occidente, ni siquiera la muy próxima Revolución Francesa como me hicieron creer profesores en mi etapa de bachillerato, sino la evolución a lo largo de los diferentes periodos de la historia de occidente del Ser frente al miedo a la libertad, razón de peso en el inconsciente colectivo. No podía continuar por esta senda intransitable sin citar a 2 maestros tan dispares como Carl Gustav Jung y Erik Fromm.

Dentro de la cultura judeocristiana, todos podemos aceptar que existe una totalidad y una nada e igual ésta es la inexorable duda existencial de occidente, qué hay después de la muerte, obviamente solo sé lo que no me falta por saber, que es todo, por tanto y por consiguiente, haciendo apología a Sócrates, no sé nada… Lo que si se es que existe una mente que está pensando y esa mente es la mía, “cogito ergo sum”, y haciendo honor a un joven pero sabio aristócrata griego llamado Platón, sé que esa mente produce ideas gracias a su concepto de la idea, el cual nos ha permitido pensar a toda la posteridad.

Hegel, el idealista alemán por excelencia y el último filósofo que trató de explicar la totalidad, comienza su obra Ciencia de la lógica de esta manera: “ser puro ser es igual que nada, nada pura nada es igual que ser” ¿qué queda? el tránsito del ser a la nada, el devenir, el cambio, empecemos por aquí, por la realidad. Y, efectivamente, no se equivocaba a mi parecer el bueno de Friedrich. Lo único permanente e infinito es el cambio, todo lo demás es impermanente y finito, solo he de mencionar a Heráclito “no te bañarás dos veces en el mismo río”. No existe saber estable de la misma manera que, a mi juicio, no existen categorías estables y, por ello, la inteligencia no es algo sólido, rocoso, sino puro fluir, puro devenir. Debemos tomar conciencia de que la libertad es el bien supremo y sustancial del ser humano y quien esto no lo entienda o acepte le quiere poner puertas al campo.

He aquí el quid de la cuestión, Zygmunt Bauman, el gran sociólogo polaco de origen judío, definió el estado actual de nuestra sociedad aplicando el término de modernidad líquida, haciendo referencia a la fluidez, liquidez y dinamismo de nuestra sociedad. Aquí planteo el problema, todos hemos de ser conscientes del mundo práctico, matemático y cuantitativo en el que vivimos, donde el filósofo o el humanista no es más que un mero excéntrico y el ingeniero, una especie de homo deus griego, como cita el historiador y profesor de filosofía de la universidad hebrea de Jerusalén Yuval Noah Harari. Somos cortoplacistas, eso lo sabe bien el Yo de cada uno, pero nos hallamos en una especie de controversia de la eudaimonia aristotélica, entre la búsqueda del placer inmediato y la consecuencia como displacer y esta causa-efecto, actúa como espada de Damocles en nuestra sociedad, creando seres frustrados que viven reprimidos como sumó el neurólogo austriaco Sigmund Freud. Todos creemos ser conocedores de la verdad y, no obstante, la verdad no sabe ni con que potencia o debilidad llamamos a la puerta. Esta inmediatez histórica tiene como destino la abolición.

Todo aquel que se declare conocedor de la verdad será necio, pues la verdad no se conoce, se estudia, y es que el destino del Ser es el saber y hasta que no tomemos conciencia de ello seguiremos consumiendo reallity shows.

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2 respuestas

  1. Adrian Sanchez dice:

    Eres el mejor escritor filosófico que mi mente ha encontrado

  2. pascasiojaviermar@gmail.com dice:

    Como le dice Cipión a Berganza AMOR AL CONOCIMIENTO.

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