De la opinión pública y la autoexplotación.

Por Alejandro J. Gomis

Vivimos tiempos difíciles para el pensamiento libre. De hecho, siempre lo han sido. No obstante, la diferencia con respecto a otras etapas de nuestra historia es que, bajo una apariencia de libertad absoluta, se oculta una persecución sin precedentes dirigida contra el librepensador, atacando desde el primer momento cualquier expresión que escape al pensamiento hegemónico. Si bien es cierto que los métodos han variado (ya no se mata, tortura o encarcela al disidente, al menos en occidente), siguen existiendo medios represivos que permiten al Sistema permanecer a salvo de esos peligrosos individuos. Sobre estas nuevas formas de censura, me parece interesante contraponer dos ideas de autores con pensamientos completamente distintos, J. S. Mill y Byung-Chul Han.

  • Opinión pública. (J. S. Mill)

“Nuestra intolerancia, puramente social, no asesina a nadie, no extirpa ideas, pero induce a los hombres a disfrazarlas o a abstenerse de todo esfuerzo activo por difundirlas”.

Esta oración, de una de sus obras más conocidas (“Sobre la libertad”, 1859), resume de manera perfecta la idea que J. S. Mill quiere transmitir. El concepto clave aquí es el de “opinión pública” en tanto que nuevo método de control del disidente. Como ya se ha dicho, ya no existen medios coactivos o violentos para aplacar la opinión discordante. Es una etapa que ya se ha visto superada. Sin embargo, el autor nos muestra cómo, tras el aparente manto de libertad de opinión y expresión que nos ofrece la social democracia, se ocultan formas de opresión con la misma eficacia práctica que las tradicionales.

Por mucho que se positivicen e intenten proteger determinados derechos sociales, en el plano de lo político se nos muestra una realidad muy distinta, en la que la persona que intenta posicionarse al margen de lo políticamente correcto, recibe a cambio la superioridad moral del que se sabe afín al pensamiento dominante, exclusión social o incluso linchamientos dialécticos por diferentes medios. De esta forma se consigue que, al mismo tiempo que se elimina la violencia como forma de controlar la opinión pública, es la propia opinión pública la que ejerce el papel de censor, asegurando la continuidad del pensamiento único que promueve y beneficia al Sistema.

Naturalmente, desde el año en el que el autor escribe esta obra hasta ahora existe una diferencia temporal de más de 160 años. Con esto quiero llamar la atención de que, aunque de forma ilusoria al individuo se le asocian libertades de pensamiento u opinión por evolución (sobre todo a raíz del fenómeno de Internet y las redes sociales), los métodos de manipulación se han mostrado más efectivos que en cualquier etapa anterior.

También es importante mencionar que, en nuestra realidad occidental, el concepto de opinión pública se ha modificado. Ahora, en la era de los monopolios, de la globalización y del imperialismo comercial, tenemos Estados que declaran todo tipo de libertades individuales mientras, por otro lado, existen marcas (ya sean personales o individuales) guiando, con instrumentos de ingeniería social y bajo una evidente apariencia de libertad, el comportamiento de sociedades enteras. Ya no es el Estado el que ejerce la censura, todo lo contrario, se posiciona a favor de la libertad, no obstante, son ahora las grandes empresas las que organizan la opinión pública.

  • Autoexplotación (Byung-Chul Han)

Esto último se encuentra directamente relacionado con una de las ideas expuestas por el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en su obra “La sociedad del cansancio”, publicada en el año 2010.

“La sociedad de hoy no es primariamente disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento que cada vez se desembaraza más de la negatividad de las prohibiciones y los mandatos y se hace pasar por sociedad de libertad”

La dicotomía que se plantea a lo largo de todo el escrito es entre la sociedad disciplinaria y la sociedad de rendimiento, introduciendo de manera sucesiva sus principales diferencias. El concepto que a mí más importante me resulta es el de autoexplotación del individuo. Con este término se trata de explicar la transición desde el individuo sometido a una legalidad muy restrictiva, cuya acción se circunscribía en la mayoría de los casos a lo jurídicamente posible, en contraposición al individuo sometido a su propio yo. Se diferencia del tradicional superyó freudiano en tanto que éste debe su existencia a una realidad exterior al individuo, el cual la interioriza, mientras que la autoexplotación surge desde el primer momento del propio individuo, sin necesidad de factores externos que restrinjan su actividad.

Desde este punto de vista, la problemática acerca de los ataques a las libertades, tanto de opinión como de expresión, surge directamente del individuo, en contraposición con la sociedad disciplinaria, en la que la censura es exterior, ya sea el Estado, los monopolios o la opinión pública quien la ejerza.

Una vez más, a la hora de valorar ambas visiones, es más que útil traer a colación la circunstancia actual. De esta forma, tanto una como otra, pueden apreciarse en mayor o menor medida con total vigencia en nuestra realidad. Por una parte, con respecto a la opinión pública, nunca antes ésta había poseído tanto poder de control social como lo tiene ahora. Esta imagen expone de manera bastante acertada a lo que me estoy refiriendo. Estas son las personas que deciden lo que se ve, oye, lee o aprende y, de esta forma, se va creando o modificando la línea de contenido socialmente aceptada. De hecho, a efectos prácticos, toda la información que es omitida de manera deliberada por estos medios no existe, en tanto que nadie conoce dicha información. Así de duro y así de triste. Y a esto se atreven a llamarlo libertad.

Por otra parte, en lo que tiene que ver con la autoexplotación, me preocupa personalmente la exactitud con la que hizo el autor este análisis. Si bien es cierto que a lo largo de la historia las clases dominantes han cometido excesos de todo tipo contra las clases dominadas (excesos de mayor gravedad que los que se cometen ahora, por lo menos en occidente), es difícil encontrar una etapa histórica en la que sociedades enteras se hayan mostrado tan dóciles, inoperantes y pasivas ante estos abusos. No hay acción, hay aceptación. No hay organización, hay individualismo (autoexplotación). En definitiva, hay muchas cosas, pero desde luego no hay libertad.

4 respuestas

  1. ángeles dice:

    Debo comenzar dándote la enhorabuena por tu trabajo, a veces es necesario leer este tipo de blogs para reflexionar sobre lo que nos rodea. Bajo mi punto de vista la libertad de expresión nunca ha existido, siempre se ha visto condicionada por factores externos como pueden ser la política o la economía y como consecuencia no nos ha quedado otra que apoyarnos en la opinión pública de la que hablas.

    Hoy en día podemos agradecer la evolución que hemos ido construyendo durante muchos años sobre todo en países europeos en cuanto a que ya no somos juzgados o sentenciados mediante la violencia por pensar de determinada manera, a pesar de que todavía este tipo de control sigue existiendo en otros tantos sistemas. Me gustaría recalcar que seguimos siendo seres sociales dominados por un supremo, en este caso concuerdo con tu observación, los medios son los que determinan en qué tipo de realidad vivimos, pero ¿quién es la cabeza de todo esto?, ¿no deberíamos referirnos al estado?, ¿quién está permitiendo que esta problemática no se erradique? ¿quién tiene realmente el mando de tal cambio?

    Personalmente creo es un asunto difícil que precisa de mucha más indignación y desagrado social para lograr con ello una organización que termine con este despotismo absurdo.

    Un saludo.

    • AJ dice:

      En mi opinión, es precisamente la economía, es decir, el modo de producción bajo el que opera una sociedad, el que determina la línea de comportamiento socialmente aceptable. Política y opinión pública se encuentran en una estructura diferente a la de la economía.
      Monopolios, oligopolios, grandes fortunas al fin y al cabo, son las que controlan actualmente la información, tanto a nivel nacional como internacional. El papel que juega el Estado en todo esto es realmente interesante. Una vez más, en mi opinión, es justo el Estado el que se encarga de proteger y afianzar la continuidad de la situación actual, mediante leyes, seguridad, etc…

  2. PGA dice:

    Muy interesante lo que planteas. Profundo. ¿De verdad tenemos Libertad? Me ha gustado el artículo sobre el filósofo coreano Byung-Chul Han. Interesante la teoría de la autoexplotación.

  3. Antonio Fernández-Morilla dice:

    Tras la lectura del artículo no puedo evitar pensar en «Leviatán», obra de Thomas Hobbes. En esta se plantea un pacto entre todos los individuos de una sociedad, en virtud del cual renuncian parcialmente a su libertad a cambio de seguridad, entregándosela a un ente superior conocido como el Leviatán (el Estado).

    Relacionándolo con el tema de la opinión pública:
    Hoy día vivimos en una democracia, a la que más que democracia llamaría yo partitocracia. Los ciudadanos españoles no encontramos instrumentos que puedan suponer un contrapeso al poder de las élites políticas, o sí existen, su procedimiento impide que puedan salir adelante (referéndum, iniciativa legislativa popular…). De hecho ni si quiera votamos candidatos, sino partidos, lo que hace que la soberanía nacional sea notablemente menos sana. Ahora bien, dentro de este caos llamado España encontramos un problema aun mayor como es el de la libertad. Siguiendo el pensamiento hobbesiano esta libertad debería quedar cedida al un Leviatán que la toma en función de sus intereses garantizando una «protección» de la que no dispondríamos si todos gozaramos de dicha libertad. Claro que si esta queda en manos de la opinión pública, el problema es mucho mayor, pues la mitad de la población ve sus pensamientos supeditados a los de la otra mitad, porque la otra alternativa es no verlos.

    En vista de esto quizá el filósofo inglés no iba tan mal encaminado, quizá la libertad no es cuestión de tenerla o no tenerla, sino cuestión de a quién confiarla.

    Un Saludo

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