Breve análisis de nuestra realidad

Por Alejandro J. Gomis

Antes de comenzar, aclararé que soy consciente de mi corta edad y de lo que ello implica. Poca experiencia, poca información y poco conocimiento, unido además a una larga lista de condicionantes de todo tipo que pueden hacer de este texto, a priori, algo neutro y vacío. Sin embargo, es un análisis más de nuestra realidad, de alguien que cree haber oído, visto y leído lo suficiente como para tener algo interesante que contar.

A primera vista, lo que percibo cuando miro a mi alrededor, cuando trato de entender realmente el funcionamiento de nuestra realidad, es una intensa anulación de las facultades puramente humanas, de la razón, al fin y al cabo. Cada individuo parece ahora una pequeña parte de un mecanismo inmenso, sin más trascendencia ni libertad que la superficial. El ser se muestra como instrumento, como productor y producto de un Sistema que no esclaviza cuerpos, sino mentes. Quizá el término más adecuado para describir la situación a la que me refiero sea mecanización. Esta mecanización es a la vez causa y efecto de la anulación de las facultades humanas a las que anteriormente hacía referencia. Ahora bien, esta realidad aquí descrita se entiende de manera mucho más sencilla si se comprende que conformamos una sociedad individualista y cortoplacista hasta el extremo. Súmese individualismo y mecanización del ser y el resultado será un Sistema en el que no se considera al individuo racional como un factor imprescindible para un eventual progreso social, sino como instrumento destinado al beneficio particular de terceros. ¿Vender mi libertad a cambio de un par de entretenimientos hipnotizadores y tres o cuatro objetos caros? Dónde hay que firmar, parecemos responder todos simultáneamente.

En relación directa con el supuesto entretenimiento y los bienes materiales se encuentra la creación de necesidades. Desde bien pequeño, por lo menos en mi caso, te intentan meter en la cabeza que las necesidades del ser humano son ilimitadas. Aun partiendo de un concepto amplio de necesidad (no solo circunscrito a las necesidades puramente biológicas originadas por el instinto de supervivencia), no se puede asociar al individuo con lo ilimitado de las necesidades si no va ligado de manera indisoluble al egoísmo. La comparación, la envidia, el deseo de reconocimiento (comportamientos difícilmente atribuibles a la naturaleza del hombre) son, en última instancia, los motores que permiten y aseguran la constante generación de necesidades. El origen de estos motores, al no ser biológico, debe ser, necesariamente, de origen social. Una vez más, el Sistema se encarga de fijar la atención de los individuos en lo material y en lo banal, manteniéndolos alejados, todo lo posible, de su expresión más espiritual y racional, es decir, de lo íntimamente humano.

Quizá me esté dejando de comentar, por descuido, olvido o falta de acierto, aspectos también decisivos para explicar la realidad que hemos heredado y continuamos fomentando. Otros, aun teniéndolos definidos y localizados, prefiero reservarlos para mí, a la espera de otra ocasión en la que me vea con más libertad para tratarlos.

Por el momento, todo esto no puede más que considerarse como unas cuantas reflexiones al aire, a la espera de que un grupo de personas lo suficientemente grande, con la valentía y la altura moral necesarias, esté dispuesto a recuperar la libertad perdida. Hasta entonces, aquí estaré. Podría decirse que, pese a ser un privilegiado gracias a la circunstancia tan favorable que me ha tocado vivir, no me agrada en absoluto el mundo que habito, cada vez más aparente y cada vez menos humano.

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3 respuestas

  1. RGA dice:

    AJ, no le falta razón a tus comentarios; pero quizás tu visión es excesivamente pesimista.

  2. PGA dice:

    Estoy bastante de acuerdo con tu reflexión. Hemos ido creando una sociedad manipulada e ideologizada (por las redes sociales y las televisiones fundamentalmente), en la que priman los principios y objetivos materiales muy por encima de los morales y espirituales.

  3. C.U. dice:

    Haces algunas reflexiones muy acertadas, a mi parecer, y escribes muy bien, sabes enlazar las ideas de una manera natural y sinérgica.

    He de apuntar un fallo que haces en tu análisis. Afirmas que lo que no es puramente biológico como tal, no es parte de la naturaleza del hombre. Así dices:
    “La comparación, la envidia, el deseo de reconocimiento (comportamientos difícilmente atribuibles a la naturaleza del hombre) son, en última instancia, los motores que permiten y aseguran la constante generación de necesidades. El origen de estos motores, al no ser biológico, debe ser, necesariamente, de origen social.” Pero, realmente, la dimensión social es una parte inherente del ser humano. Hay dos clases de sentimientos: los naturales (son siete, alegría, tristeza, asco, desprecio, miedo, enfado y sorpresa, todos los disponemos desde que nacemos) y los sociales (se comienzan a formar alrededor de los 3-4 años, cuando somos conscientes de que pertenecemos a una comunidad). Estos sentimientos sociales son los celos, el orgullo y la vergüenza. Y, aunque no vengan de “fábrica” con nuestro cuerpo, no son menos humanos y naturales. Al ser humano no le puedes despojar de su dimensión social. Se la quitas y pierde casi todo lo que tiene: el lenguaje y el conocimiento. Sin otras personas que nos enseñen desde pequeños a hablar, es imposible desarrollar nuestra capacidad intelectual (la palabra es la unidad más pequeña de conocimiento; y no, no se puede aprender a hablar por uno mismo sin oír a nadie, ni se puede aprender más adelante en la vida, hay procesos evolutivos que tienen ciertos periodos de tiempo). Este lenguaje y este conocimiento son previos a nosotros, vienen de una cultura que se ha desarrollado durante milenios y que se ha ido transmitiendo de generación en generación. Si nos despojamos de nuestra dimensión social, perdemos demasiado. No solo los sentimientos sociales, sino también la capacidad de razonar.

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