Voltaire y su frase III. Final.

Por Alejandro J. Gomis

La primera de ellas es que Rousseau ya recoge un concepto muy parecido a ese instinto erótico de Freud encaminado a la propia conservación que es el “amor de sí mismo”, el cual está ligado precisamente a éste mismo instinto. Partiendo de una premisa casi idéntica acaban ambos razonando de manera completamente distinta. Lo que quiero decir con esto es que, pese a la existencia evidente de este instinto de supervivencia presente en todos y cada uno de nosotros, esto no afecta directamente al estado de naturaleza ni a la cooperación presente en las primeras comunidades humanas. Este instinto no es absoluto, no actúa en la totalidad de las ocasiones. Porqué sino iba una persona a quitarse la vida de manera deliberada o porqué iba una madre a sacrificar su vida por la continuidad de la de su hijo. Acerca de la segunda de las consideraciones, sobre la famosa frase de T. Hobbes, cabe decir que tanto él como Freud cometen el mismo error al pronunciarla. El problema aquí es que estos dos autores valoran acontecimientos, hechos y circunstancias de sus realidades particulares para luego transportarlas al pasado y hablar sobre la naturaleza del hombre. No es posible realizar este tipo de interpretación ya que cada momento histórico ha de tenerse en cuenta inmerso dentro del propio marco espacio-temporal en el que acontece, con el objetivo de ser ecuánimes a la hora de valorarlos. Con mucha más razón si estamos hablando de los orígenes del individuo como tal. Es un error muy común pero lo cierto es que la frase “el hombre es un lobo para el hombre” está ya superada.

Por otra parte, al ser El malestar en la cultura un libro en el que se tratan tantos temas, también en él se hace alusión a las teorías socialistas y comunistas. Por supuesto Freud, siendo un fiel creyente del egoísmo e individualismo humano, no comparte de manera completa estas teorías. Sí que parece estar de acuerdo en cierto modo con la abolición de la propiedad privada al indicar que “al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte”, para acabar concluyendo “pero de ningún modo el más fuerte de todos”. Como adición a esto, en una de las últimas páginas tacha a socialistas y comunistas de un “desconocimiento idealista de la naturaleza humana”. Lo cierto es que, si se trata de analizar la naturaleza en sí del ser humano, sin influencia ninguna de una sociedad ya constituida, lo lógico, como ya hemos visto, es retroceder a las primeras comunidades o agrupaciones de seres humanos.

Una de las primeras y más básicas características de una sociedad es la existencia de un sistema legal, inexistente en los primeros grupos de humanos a los que me acabo de referir. Es correcto que existía una cierta estructura entre los miembros del grupo, referente a la distribución de tareas y demás cuestiones organizativas, pero nunca jerarquía y, por tanto, nunca competencia. La cooperación en el estado de naturaleza entre semejantes es, en mi opinión, prueba irrefutable contra la afirmación del egoísmo e individualismo humano.

El objetivo de toda esta exposición ha sido desde el primer momento la negación absoluta del egoísmo e individualismo natural y como consecuencia, la afirmación de la bondad inherente al hombre. Comprendo perfectamente que, si uno observa la realidad en la que vive o echa un vistazo a cualquier momento o lugar en la historia, le será complicado creer esta teoría. Sin embargo, en todos los episodios históricos existe influencia, en mayor o menos medida, de una sociedad ya constituida. Si al ser humano se le sustraen de una vez todas las capas culturales y sociales que ha ido adquiriendo a lo largo de los siglos lo que se encontrará será cooperación en lugar de competencia, comunidad en lugar de individualismo y bondad en lugar de egoísmo.

1ª Parte: https://www.filosofiaplusultra.com/index.php/2020/03/10/voltaire-y-su-frase/

2ª Parte: https://www.filosofiaplusultra.com/index.php/2020/03/16/voltaire-y-su-frase-ii/

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2 respuestas

  1. Pascual G.D. dice:

    Hablas del “amor hacia sí mismo” como resumen del individualismo, y cuestionas entonces por qué una madre es capaz de dar la vida por la de su prole, o por qué alguien sacrifica su tiempo y esfuerzo en ayudar a quien que lo necesita… Bien, sin haber leído seguramente tantos autores de filosofía como tú, voy a proceder a dar mi humilde opinión. Yo creo que la clave no está en “quién” soy yo, sino en “qué” soy yo. Me explico:
    Podemos preguntarnos qué es el ser humano y daríamos muchas respuestas, pero (sí, aquí voy otra vez con mi visión “simplista” y naturalista de las cosas, con la que creo que nuestra realidad es en definitiva física y química) en resumen, somos información genética (ADN) provista de una carcasa de materia orgánica con la única finalidad de ejecutar las acciones que le dicta el ADN en el mundo físico.
    Somos INFORMACIÓN que lucha por sobrevivir. Su (nuestro) principal objetivo es perdurar en el tiempo. Para ello tiene en su propio código órdenes que permiten su supervivencia (alimentarse, reproducirse, huir del peligro, o enfrentarse a él si es necesario para ello).
    De manera inconsciente, si una madre es capaz de sacrificar su vida por la de sus hijos, es porque tiene unos instintos maternos que provocan esa actitud mediante reacciones químicas y eléctricas de sus hormonas y neuronas (dichas reacciones se dan ante estímulos externos porque así está “escrito” que deben funcionar en su ADN) y la hacen proteger a los individuos que portan dicha información genética incluso si el precio a pagar es su propia vida.
    De igual manera, la evolución de nuestra especie ha hecho que, nuestra información genética nos haga ser sociales. Nuestros antepasados morían si estaban solos, y sobrevivían si colaboraban con su familia y tribu. Por tanto, ha sobrevivido una información genética que nos hace proteger a quien está en problemas, porque nuestra información genética nos hace creer que de su supervivencia depende la nuestra.
    Esto es mucho más sencillo de ver cuando esa persona a la que ayudamos es alguien cercano. Un familiar, un compañero de trabajo, un vecino… Más difícil de ver dicha actitud cuando no conoces a la persona.
    Este comportamiento tiene sentido, y existe un estudio que se llevó a cabo por investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid y publicado en la revista estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). En el que se confirma una popular teoría conocida como número de Dunbar (acuñado en los noventa por el antropólogo Robin Dunbar), que señala que cada individuo puede relacionarse de forma plena con un hasta 150 personas aproximadamente.
    No así ha sido en la evolución de otras especies. Las hormigas, por ejemplo, tienen esas actitudes de sacrificio mucho más habituales, porque su información genética les hace actuar así. Aquí un ejemplo de los suicidios en masa que hacen por proteger a la reina, la única capaz de tener descendencia (https://www.youtube.com/watch?v=7n2jO5plIfk). Y otras especies que al contrario, han sido capaces de sobrevivir en soledad, y su información genética hace que actúen de manera aún mas individualista que el ser humano; como pueden ser los osos, leopardos, o perezosos.

    Como conclusión; y sin estar seguro de la claridad de lo que he tratado de exponer; el ser humano es individualista en términos generales porque está diseñado en su ser para sobrevivir a cualquier precio. Muchas veces de manera egoísta; pero necesariamente, otras veces, ayudando a los demás. La ayuda al prójimo; por feo y crudo que suene; no creo que sea nunca altruista, si no que viene por un egoísmo escondido, porque “a mi ME INTERESA ayudarte”. Esto no es bueno ni es malo. Es natural.

    • AJ dice:

      Estoy de acuerdo en la mayoría de la argumentación, no así en la conclusión. En primer lugar, partimos de premisas distintas, es decir, para mí el ser humano no se reduce meramente a su material genético sino que, como individuo es más que eso. No obstante, estamos de acuerdo en que es un ser social. Tanto en sus orígenes como en la actualidad lo es. Conformes ambos en esto, conscientes de la necesidad de comunidad entre los individuos y una vez demostrado que el instinto de supervivencia no es absoluto, no puedo estar de acuerdo con la afirmación «sobrevivir a cualquier precio». Por otra parte, también creo que lo natural puede ser valorado como bueno o como malo. Que un hecho acontezca de forma natural no le exime de pasar la criba de los códigos morales que cada uno poseemos.

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